La union agencia matrimonial

No sólo controlaban el acceso al complejo aparato de la administración romana y al crédito necesario para la obtención de la mayoría de las gracias, sino un recurso tan importante en cualquier red comercial como era la información Casado Alonso Recientemente, hemos podido caracterizar a estos intermediarios en el mercado curial como integrantes de una medianía social formada sobre todo por clérigos, mercaderes y letrados. A continuación, definiré el objeto de negociación de este mercado, los llamados negocios curiales y su tipología.

En tercer lugar, pasaré a analizar las especificidades del caso portugués. La patrimonialización de beneficios simples o de canonjías era un pilar fundamental en toda estrategia de ascenso social, como bien sabemos. Cierto papel debió jugar en ello el concordato firmado entre el papa León X y Francisco I de Francia en , pues limitó en gran medida la creación de un mercado curial francés de igual importancia, otorgando gran capacidad de control a dicha corona sobre determinados recursos curiales en materia beneficial, por ejemplo.

La documentación conservada de registros de pases regios, o sea, autorizaciones de la corona a estas letras, arroja cifras ilustrativas: se contabilizan unas 4. Habían de ser tramitadas, pagadas y expedidas en Roma, adonde es obvio que la mayor parte de solicitantes de España o Portugal no podía o no deseaba trasladarse. En respuesta a esta necesidad de intermediación, nos encontramos a inicios del XVI con los primeros curiales propiamente dichos, pronto asociados en compañías en muchos casos.

De un modo u otro, cubrían la amplia mayoría de la demanda de letras apostólicas en todo el territorio peninsular.

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Todos responden a un perfil similar, en que la formación legal universitaria, especialmente en derecho canónico, era tan importante como el conocimiento de las cuestiones financieras. De la otra, la dependencia de un sistema bancario no sólo capaz de suministrar la gran cantidad de crédito necesario a los solicitantes, sino de movilizar el dinero desde el lugar de contratación del negocio hasta la curia romana, cumpliendo con las condiciones que ésta imponía: poseer licencia de banco curial, tipos de cambio bastante arbitrarios o exigencia de fianzas bancarias para asegurar el pago de pensiones, entre otras.

Negociación y crédito iban indisolublemente unidos. A consecuencia de ello, resulta imposible separar las actividades de negociación de letras apostólicas de las actividades crediticias. Aparecieron así los llamados curiales , especialistas en la gestión de este tipo de negocios. También los banqueros y hombres de negocios entraron a participar en este mercado, enriqueciéndose con la movilización de importantes sumas de dinero entre la Península Ibérica y Roma, con frecuencia a través de diversas ferias europeas.

La mediación, como en otros mercados, fue un espacio de oportunidad muy atractivo, en el que hicieron fortuna numerosos individuos. El papel daba cuerpo a los tres activos que movían este mercado internacional —la información, el crédito y la gracia— y en la misma saca viajaban las letras apostólicas, las de cambio y las de correspondencia. El mercado curial era el negocio del siglo y no entendía de horarios de oficina. En consecuencia, la Dataría se dotó de un buzón abierto en la pared para la documentación que llegara de noche.

Prior in tempore, potior in iure , dictaminaban las decretales. Tocamos aquí uno de los puntos clave para el éxito en este tipo de negocios: el aviso. Era un recurso permitido, dado que generaba ingresos tanto a las arcas de la Curia Romana como a los bolsillos de algunos de sus oficiales.

Obtenida la gracia y antes de ser expedida la bula, era preciso pagarlo todo de una vez y en la moneda exigida por la Curia. Para ello, sólo se podía recurrir a quienes la Santa Sede hubiera otorgado licencia oficial.

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El grueso de las solicitudes era de índole matrimonial, pero también entraban aquí concesiones de todo tenor por las que la gracia papal salvaba el incumplimiento de las normas canónicas o hacía excepciones en cuestiones espirituales: indulgencias para capillas y cofradías, habilitaciones para descendientes de condenados por la Inquisición, indultos para tener oratorio privado Eran también frecuentes las dispensas de requisitos para acceder al clero o a la propiedad de algunos beneficios: ilegitimidad, órdenes sagradas, grados académicos, edad mínima, la ordenación extra tempora , etc.

Podría multiplicarse la nómina ad nauseam. En tales casos los curiales no daban un presupuesto cerrado al cliente, sino apenas los honorarios de agencia y de cambio de dinero, puesto que una de las partidas de gasto ineludibles, el pago de la componenda, había de ser negociada en la prefectura de composiciones de la Dataría, lo que hacía variar el precio en función de la habilidad o los contactos del curial contratado.

También se desarrollaron actividades ilegales de especulación beneficial por testaferro y compraventas entre particulares. También la expedición de las bulas de provisión de obispados suponía una ganancia importante para el curial encargado, puesto que llevaba en ello un porcentaje en concepto de agencia.

Hablamos, en síntesis, de una porción importante de las rentas del reino, que se movía en estos circuitos con Roma. No desaparecieron los espacios de toma de decisiones locales entiéndase, las curias diocesanas, los cabildos, las cortes señoriales en lo que respecta a los beneficios de patronato señorial, etc. Su elevado precio, no obstante, hizo necesaria la legalización por el papado en de las societates officiorum , compañías de inversión de capital que hacían posible financiar la compra de un cargo por un titular gracias a las participaciones de varios socios Prodi ; García Ulecia Tanto entre titulares del oficio como entre socios inversores, nos encontramos a los mismos individuos que actuaban como curiales o financieros en este mercado.

Esta documentación tampoco parece haber salido a la luz de la mano de otros investigadores, hasta donde me consta. Podría tratarse simplemente de que no hayamos sabido consultar en el lugar adecuado, pero la propia escasez de hallazgos resulta por sí sola muy significativa. Sabemos de curiales muy activos con asiento en Lisboa y corresponsales en Roma para toda la Edad Moderna, pero, a diferencia de otras partes del espacio ibérico como Cataluña, Castilla la Vieja o Andalucía, hemos de reconstruir su actividad y sus lazos financieros sin contar con esa rica fuente de información.

Veamos un caso. Manuel Nunes solía emplear como intermediario para sus letras de cambio entre Portugal y Roma el banco castellano de Simón Ruiz, como queda reflejado en la documentación conservada en el archivo de esta casa mercantil. En este ejemplo concreto, tanto la forma de liquidación de la deuda, al contado en moneda de plata, como los plazos de entrega de la letra apostólica al cliente —entre cinco y nueve meses después de la fecha de la escritura—, o la forma de financiación a través de crédito bancario son idénticos a los términos usuales en Castilla en los contratos para este tipo de negocios.


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La gran mayoría de tratados, manuscritos o impresos, lo fueron en latín y en castellano. He podido documentar la existencia de al menos una de estas guías dirigida a curiales de Portugal. En gran medida, copia o parafrasea en portugués uno de los tratados en español de mayor difusión, pero difiere de éste y otros precisamente en el punto de la contratación con los clientes, donde dice:. Esta documentación epistolar se inicia siendo Sousa arcediano de Santa Cristina de la catedral de Braga y aumenta su volumen desde su preconización al obispado.

De entre todos ellos, una misma familia gozó de protagonismo: la de los Nunes Sanches Pérez Vergueiro. Se trata de una compañía dedicada al negocio de la gestión y el crédito curial, levantada por Francisco Nunes Sanches.


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Es un buen caso de estudio en que merece la pena que nos detengamos. En torno a ejercía ya como banquero en la Curia Valeriani , Poco después, estableció una compañía para la gestión de negocios curiales y la expedición de letras apostólicas, tomando como corresponsal en Lisboa a Manuel Gouveia de Figueiredo. Verbigracia, el 26 de agosto de Nunes escribió a Sousa desde Roma para darle los parabienes por su reciente promoción al obispado de Oporto… y de paso solicitar que impusiera su autoridad a José da Fonseca Coutinho, maestrescuela de la catedral de su nueva diócesis, que le debía escudos de oro por una letra impagada.

En , Francisco Nunes Sanches tramitaba en Roma varios negocios tanto para Sousa como para algunos clientes presentados por él, entre ellos la ímpetra de la chantría de la catedral de Évora vacante por muerte de Gaspar Manuel de Faria. Como muestra de favor, Nunes ofreció su banco para adelantar la fianza de una de cualquier cuantía,. Ambas refuerzan la idea antes mencionada de un diferente modo de hacer frente a otras zonas de la Península Ibérica. Recurriría muchísimo menos a la justicia ordinaria que en Castilla, donde abundan los procesos judiciales por una de estas cuestiones.

La comparativa escasez documental sobre el funcionamiento del mercado curial luso sería así un reflejo de este diferente modo de hacer. Cabe pensar que este traspaso de responsabilidad entre ambos parientes se realizara a consecuencia de ello, pero también Sousa debió de replantearse la situación.

En , envió al canónigo Vicente Coelho Borges para realizar en su nombre la visita ad limina.

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Durante los meses que permaneció en Roma, el Dr. Borges supervisó los negocios de la diócesis y ajustó cuentas con Pérez Vergueiro. Por carta del 22 de enero de , sabemos que el apoderado del obispo regresó a Portugal y Pérez Vergueiro quedó confirmado como agente de Sousa en Roma. De hecho, desde ese año comenzó a cobrar del prelado, aparte de la minuta por los asuntos despachados como curial, una comisión de cien mil réis.

Para empezar, ayudaba a captar clientes. Sousa remitía negocios de terceros, ya procedieran del círculo familiar o cortesano, ya de los numerosos fieles de la diócesis que cada año habían de procurar a alguien para tramitar cualquier tipo de letra. En tanto que obispo y miembro de la aristocracia bragancista, contaba con ascendiente en Lisboa para presionar. Una vez satisfecho el pago, las bulas en cuestión se entregaban al cliente por ellos o por Manuel de Gouveia e Figueiredo, que hasta entonces las tenían en su poder.

Por ejemplo, la fe de suficiencia para el primero de los negocios de Doria mencionados fue enviada desde Portugal a Roma precisamente por Manuel de Gouveia e Figueiredo, el socio de Pérez Vergueiro.

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Se trataba de un linaje lusitano de notoria ascendencia judía, en pleno proceso de ennoblecimiento por entonces a pesar de sus muchos problemas con la Inquisición, como pusiera en evidencia Fernanda Olival , Para cumplir su deseo de alistarse en el ejército sin gran menoscabo económico, contrató a unos curiales para solicitar una bula de resigna de su canonjía.

De la solicitud de estas cuatro letras apostólicas se encargó Pérez Vergueiro. Siguiendo las condiciones habituales, se le entregaban cuentas de los gastos, a la que luego se sumaban los honorarios en concepto de agencia, cambio de dinero y envío de las bulas. Dichas cuentas habían de ir firmadas por los corresponsales en Roma y, en ocasiones, también por los socios en la Península.

Tan sólo el indulto para poder retenerlas después de secularizado montó 1. Sin duda coadyuvó a la financiación de determinadas inversiones que cimentaran el ascenso social familiar. Compró el señorío endeudado de Cantalupo Bardella, que la familia asociaría a un inexistente marquesado de Cantalupo. En realidad, Nunes Sanches y sus descendientes obtuvieron en el reconocimiento de marqueses por Juan III de Polonia, un título honorífico sin relación con el feudo papal comprado previamente. Todo ello se encuadraba en las negociaciones con el papa y el rey de Portugal para un nuevo perdón general y un mayor control sobre la Inquisición portuguesa Lloyd Roma facilitaba instrumentos fundamentales para muchas estrategias de ascenso social, a todos los niveles.

El hecho no pasa de lo anecdótico, pero resulta un indicio llamativo de hasta dónde llegó a responder el mercado curial a las demandas de la sociedad portuguesa. Aunque obviados hasta ahora por la historiografía, los curiales fueron figuras habituales y conocidas en las principales localidades de la Península Ibérica.